Alejandra Pozas V.
martes, 1 de noviembre de 2011
Un viaje a lo solitario
Desperté y allí estaba, siempre quise llegar a ese lugar, como todo el mundo. Lo empecé a recorrer lentamente, a mirar de un lado a otro, pero no había nadie; nadie a quien mirar, hablar, escuchar o sonreír. Estaba solo en aquel lugar, solo, solo, solo. Cerré los ojos y al abrirlos estaba en el mismo lugar, pero esta vez tenia un leve color rojizo que poco a poco se fue haciendo más y más intenso. Me comencé a asustar, corrí y corrí y me tope con millones de imágenes de mi vida, mi infancia y el tono rojizo se volvió celeste, me comencé a calmar, aunque aun no aparecía nadie, me estaba empezando poco a poco a acostumbrar al lugar, después de todo, había convivido con él toda mi vida, el lugar era yo, yo era el lugar, habia estado conmigo en las buenas y en las malas, gracias a él pude decidir grandes cosas en mi vida, gracias a él aprendí a superar mis errores y tambien a valorar todo tipo de cosas. Poco a poco me acostumbro a vivir con mi propia mente.
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