Cuando abrí los ojos nuevamente, ya nada era lo mismo, me había dormido mientras escuchaba mi CD
favorito en la radio del auto y al despertar, la tranquilidad anterior ya no
existía, a mi alrededor, solo escuchaba voces, voces que por más que intentara
no podía reconocer, mi vista fue de a poco siendo más nítida y logre
diferenciar a un extraño que me hacía preguntas, preguntas que no podía
entender. En ese momento se empezaron a hilar mis pensamientos, recordé mi
viaje de vacaciones junto con mi madre, viaje que debía ser para disfrutar,
pero terminó en un horrible accidente. Lo más importante para mí en aquel instante era encontrar a mi mamá,
examiné la escena, pero nada daba indicios de que ella estuviera ahí, intenté
preguntar pero no conseguí respuesta.
La pelea que habíamos tenido antes de salir, se vino a mi
memoria, ¿cómo pudimos gritarnos de esa manera, por el simple hecho de no entendernos bien? Mi madre tenía que estar bien, no podía terminar
todo así, tenía que arrepentirme por mi mal genio, y demostrarle que podía
cambiar. Al estar dando vueltas estas horribles ideas en mi cabeza, la encontré
con la mirada, sentada, pero en mejor estado que yo.
Aparecí unos minutos después en el hospital, y cuando volví
a estar consciente completamente, lo primero que vi fue la figura de mi mamá,
mirándome, preocupada, la abracé y al mismo tiempo me hice una promesa a mí
mismo, no dejarme llevar nunca por mi mal genio.
María Jesús Bravo M.
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