viernes, 28 de octubre de 2011

De eso se trata

Salí de mi casa , con impotencia , no podía creer lo que había sucedido... la persona quien me dio la vida me daba la espalda en momentos tan importantes como estos , me sentía vacío por dentro , luego de la gran discusión que tuve , diciendo todas las palabras que sabía a ella. No entendía el hecho de que me dejara sin poder cumplir una de mis grandes metas en toda mi vida, le saqué el polvo a mis antiguas calcetas, a mi balón y a mis zapatos, esos que una vez me dieron tantas alegrías en el campo de tierra de mi barrio .

Entre tanto enojo, no encontré mejor solución que tomar un taxi, el mismo al que siempre me subía con ella, para llegar a parar a las canchas cerca de mi población, solo creía que el suave roce del balón en mis pies podía calmar mi angustia  y pensé en todo los momentos vividos con ella , las alegrías, las penas, muchísimos sentimientos encontrados.

Al llegar a la tierra , esa en la que fui héroe en innumerables ocasiones, imposible no recordar los gritos de ella, alentándome desde las graderías, siempre mostrándome su apoyo, al pensar en eso, lancé mi primer disparo.

Quizá mi madre priorice los estudios, la entiendo... pero esto es lo que yo amo, lo que me mueve, mi arte, mi todo. No debí haber sido así con la persona que siempre estuvo ahí, apoyando incondicionalmente, estaba ahí, sólo, acompañado solo por un pedazo de cuero redondo .

Luego de un par de horas con el balón, decidí regresar a casa caminando, una vez ahí, no le dije nada a mi madre, solo la abracé.


Ignacio Díaz Faúndez.

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