Estaba sencillamente exhausta, no soportaba estar ni un
segundo más en pie. La larga jornada escolar me había dejado rendida, tendida
en mi cama sin siquiera poder meterme bajo las sabanas.
Lo único que sabía era que mi cuerpo me exigía quedarse
quieto, y que nadie iba a evitarlo ni tampoco interponerse en mi descanso. “¡No
pienso hacer ningún favor a nadie!, siempre hago todo lo que me piden este es
mí momento de descansar” pensé, la verdad mi discurso interno distaba bastante de
la realidad. Nunca fui una persona muy cooperativa ni nada por el estilo,
simplemente me preocupaba de cumplir con lo que se me exigía, pero nunca ofrecí
mas ayuda en mi hogar, por ejemplo.
Mientras intentaba relajar los músculos de mi cuerpo, aún
tensos por haber caminado la enorme subida que hay que transitar para poder
llegar a mi casa, escuche un llanto desde la habitación de al lado.
Inmediatamente me percaté de que era mi hermano pequeño, no estaba muy
acostumbrada a esto de los llantos puesto que hace apenas una semana que había
dejado mi rol de hija única para pasar a ser la “hermanita grande”.
El llanto no cesaba “No es mi problema” , me dije , pero
luego por alguna extraña razón me levanté de un salto de la cama y partí
corriendo a ver al pequeño, cuando llegué lo levante cuidadosamente de la cuna
y lo acomodé en mis brazos.
“¡Ya llegué!” gritó mi mamá apenas abrió la puerta de la
casa. “¡¿Dónde se supone que estabas?!” le pregunte bruscamente desde mi
dormitorio. “Fui a comprar, te avisé, pensé que me habías escuchado…” no pudo
terminar de responderme, puesto que se quedo anonadada cuando al entrar a mi
habitación me vio con el bebé en brazos mientras intentaba hacer que se
durmiera. “Lo mudé, le canté, le puse el chupete y nada resultó, así que ahora
intento que se duerma” mi mamá me miro sonriendo y se retiró en silencio de la
habitación, dejándonos solos.
Fue allí cuando comprendí que ya no era responsable
solamente de mi misma , que ahora tenía alguien mas a quien cuidar y que
sorprendentemente … no me molestaba ni en lo más mínimo.
Soledad Rebolledo
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