viernes, 28 de octubre de 2011

Más importante que yo misma


Estaba sencillamente exhausta, no soportaba estar ni un segundo más en pie. La larga jornada escolar me había dejado rendida, tendida en mi cama sin siquiera poder meterme bajo las sabanas.
Lo único que sabía era que mi cuerpo me exigía quedarse quieto, y que nadie iba a evitarlo ni tampoco interponerse en mi descanso. “¡No pienso hacer ningún favor a nadie!, siempre hago todo lo que me piden este es mí momento de descansar” pensé, la verdad mi discurso interno distaba bastante de la realidad. Nunca fui una persona muy cooperativa ni nada por el estilo, simplemente me preocupaba de cumplir con lo que se me exigía, pero nunca ofrecí mas ayuda en mi hogar, por ejemplo.
Mientras intentaba relajar los músculos de mi cuerpo, aún tensos por haber caminado la enorme subida que hay que transitar para poder llegar a mi casa, escuche un llanto desde la habitación de al lado. Inmediatamente me percaté de que era mi hermano pequeño, no estaba muy acostumbrada a esto de los llantos puesto que hace apenas una semana que había dejado mi rol de hija única para pasar a ser la “hermanita grande”.
El llanto no cesaba “No es mi problema” , me dije , pero luego por alguna extraña razón me levanté de un salto de la cama y partí corriendo a ver al pequeño, cuando llegué lo levante cuidadosamente de la cuna y lo acomodé en mis brazos.

“¡Ya llegué!” gritó mi mamá apenas abrió la puerta de la casa. “¡¿Dónde se supone que estabas?!” le pregunte bruscamente desde mi dormitorio. “Fui a comprar, te avisé, pensé que me habías escuchado…” no pudo terminar de responderme, puesto que se quedo anonadada cuando al entrar a mi habitación me vio con el bebé en brazos mientras intentaba hacer que se durmiera. “Lo mudé, le canté, le puse el chupete y nada resultó, así que ahora intento que se duerma” mi mamá me miro sonriendo y se retiró en silencio de la habitación, dejándonos solos.
Fue allí cuando comprendí que ya no era responsable solamente de mi misma , que ahora tenía alguien mas a quien cuidar y que sorprendentemente … no me molestaba ni en lo más mínimo.


Soledad Rebolledo

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