Observados por un sinfín de criaturas desconocidas, que esperaban al acecho probar algo de nuestra carne, fue entonces que tire fuerte las riendas de mi camello para controlarlo, pero no pude. Caí a la ardiente arena del desierto, que rápidamente se introdujo por mi ropa, raspándome la piel. El calor era insoportable, pareciera ser un infierno en vida, de esos que creemos que no pueden existir.
Fue entonces que un ruido en la casa me hizo volver a la triste realidad, me encontraba sentado en el sillón, mire hacia mis piernas y exclame al cielo ¡Dios por favor devuélveme la vida, devuélveme mis pies!
Martin Villaroel V.
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