Era sábado por
la tarde, fui a comprar pan, para tomar la once de todos los días, tenía que
pasar tres esquinas para poder llegar al súper mercado, cada esquina se veía
algo diferente, en la primera estaba el
“loco Halen” un vagabundo, mucha gente
que se lo topaba y no lo conocía, sentía lastima, repulsión a él, pero uno que
si sabia quien era, conocía el porqué él
vivía en las calles, no por gusto, ni amor, sino por una creencia
en algo superior al sistema que lo aprisiono en un cubículo por 20 años de su
vida. En la siguiente esquina estaban
los perros callejeros, esos perros que vivían sin las reglas de la sociedad,
mendigando para comer, una vida
caóticamente fantástica. En la tercera esquina
estaban los “Morgan” eran los que vivían en la casona blanca, muy linda, una familia perfecta a los
ojos del mundo, hijos perfectos, auto perfecto, la vida perfecta, pero estoy
seguro que viven sin la libertad de hacer lo que realmente quieren, sin la libertad de expresar sus disgustos y
frustraciones, sin la libertad de realizar sus sueños más ilógicos, por el miedo
de que no sean aceptados por la sociedad, siempre aparentando una felicidad
armónica, entre tantos pensamientos llegue al súper , pero me di cuenta que no
quería comer más de ese pan inflado, caro e insípido. Sin decir más, di media
vuelta y compre pan integral a un “hippie” que se encontraba en la entrada, regrese a mi casa, totalmente renovado.
Javier Cuadra
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